Programa Educación y formación de Partera Empírica

El proyecto de escuela de parteras, se desarrolló durante 10 años en el Hospital.

 http://www.elsalvador.com/hablemos/Ediciones/160602/medicina.htm

graduacion2006 08916 de junio 2002 

En el Hospital de Maternidad “La Divina Providencia” de Santiago Texacuangos, 21 mujeres se entrenan como parteras porque quieren servir a sus comunidades de manera más eficiente.Las clases prácticas que reciben las parteras en el hospital “La Divina Providencia” se facilitan con el uso de bebés maniquíes entre otros implememtos. Algunas incursionaron en este oficio por emergencia. Se asistieron a sí mismas o a otras mujeres de su comunidad.Ahora son las parteras del pueblo, de la colonia o del cantón. Sus manos han recibido a millares de niños a través de los años. María Reyes Ramírez, de 57 años, es una de ellas y hoy es reconocida como tal en el cantón Caña Brava de Santo Tomás. Comenzó “de presto”, ante la agonía de una de sus vecinas en plena madrugada.“La encontré gritando; le dije que no lo hiciera porque iba a agarrar aire. Pasó un rato y de repente se vino la criatura. Me sentía toda maneada, pero le hice dos nuditos al cordón umbilical y le corté enmedio como le había oído a mi papá cuando asistía a mi mamá. Asié al niño, lo envolví y se lo dejé a la muchacha. Desde entonces la gente comenzó a buscarme”, recuerda doña María.Ana Vilma Reyes no fue obligada por ninguna vecina en apuros; lo hizo por vocación, a pesar de que a sus 32 años eaún creía que los niños nacían por la boca. Sus primeras experiencias las tuvo en el hospital San Rafael de Santa Tecla, luego en Santo Tomás.Cada una de estas mujeres tiene una historia que contar sobre sus inicios en esta labor que Francisca Reyes viuda de Valiente, partera de Santo Tomás, considera “bonita e importante porque es como amar a Dios y al prójimo”.Estas mujeres ya no recuerdan a cuántos niños o niñas han ayudado a nacer, pero saben que su labor es respetada. Con este ánimo se han inscrito en el curso de entrenamiento que desde el año pasado brinda gratuitamente el hospital “La Divina Providencia” a parteras empíricas, aprendices y otras lideresas comunitarias interesadas en salud reproductiva.Los cursos forman parte de un programa de capacitaciones que durará cinco años y es auspiciado por una organización belga que ha gestionado madre Cecilia Schamp, fundadora del hospital .

Entrenamiento útil

“Se les da teoría y práctica porque es importante que manejen buenas técnicas y prácticas de higiene. Uno de los requisitos para que se gradúen es que cada una traiga seis pacientes, lo que beneficia a la partera porque adquiere conocimientos, mientras que las pacientes son atendidas gratuitamente, desde su control prenatal hasta atención del parto”, asegura la licenciada Norma López, responsable del programa.Margarita de Jesús Vásquez, partera de Santo Tomás desde 1993, dice que todo lo que ha aprendido nunca lo había oído. “Hoy sé identificar en las pacientes los factores de riesgo como hinchazón en las manos o la cara”, afirmaSin saberlo, muchas de ellas yapromueven la no violencia.Esta capacitación teórico-práctica es impartida y supervisada por médicos, una enfermera y una especialista materno-infantil del hospital. Para que no falten a sus clases reciben un viático para los pasajes del autobús, el almuerzo, el uniforme y el maletín con las herramientas necesarias para la atención de un parto.Francisca dice haber aprendido además hasta dónde llega su labor: no puede hacer episiotomías ni tactos vaginales, asistir a embarazadas de alto riesgo o primerizas, pero sí puede medir el estómago, la temperatura, la presión arterial, detectar si el niño está sentado, atravesado o de cabeza. Además de informarse sobre el desarrollo de los controles médicos de la paciente, acompañarla a sus consultas y estar preparada para atenderla en caso de emergencia.Estas mujeres reconocen haber aprendido en estos cursos. La licenciada López dice que se han detectado y corregido ciertas prácticas inadecuadas: algunas no revisaban la placenta, no sabían limpiarse bien las manos o no utilizaban guantes.Las parteras aprenden prácticas esenciales de higiene

En la práctica 

Ana Vilma Reyes explica que ahora se prepara antes de un parto con las herramientas facilitadas por el hospital: hisopos, tijeras, alcohol, cinta métrica, báscula para pesar al bebé y una sábana.“Nos lavamos bien las manos, hacemos el aseo genital a la paciente, la revisamos si está dilatando, tenemos cuidado para que no haga fuerzas antes del tiempo, le aconsejamos que no grite ni llore. La acariciamos y animamos”, relata Ana Vilma, quien al igual que el resto de parteras no cobra por su labor. “En pago nos dan comida u otra cosita”, afirma Francisca.La mayor recompensa que dicen tener estas mujeres es que el parto sea exitoso, que el recién nacido esté sano y que cuando éste creza le aconsejen respetarla, incluso como a una segunda madre. El trabajo de la partera va más allá de recibir al recién nacido. “Le enseñamos a la madre a curar le el muñón del ombligo del niño, a bañarlo, a amamantarlo porque eso le beneficia a los dos, a que se pongan en control médico después del parto, que no permanezcan acostadas o sentadas y coma bien para que les baje leche”, dice Francisca.Esa interacción entre parteras y parturientas las ha hecho sobrevivir. “Yo creo que somos necesarias. A veces hemos querido detenernos pero siempre nos busccan, nos tienen un gran respeto, nos escuchan”, sostiene Francisca.Su importante desempeño y el grado de confianza y credibilidad que han logrado dentro de sus comunidades quiere aprovecharlo el Ministerio de Salud. María Reyes Ramírez, participante del curso de capacitación.Las parteras aprenden a supervisar los movimientos del feto utilizando el estetoscopio.

Una nueva imagen

El primer acercamiento hacia estas mujeres ocurrió en 1987 cuando el Ministerio de Salud, con el apoyo de UNICEF, desarrollaron un programa nacional de parteras empíricas, dentro del cual destacaba la capacitación, la entrega del equipo básico y la creación de las condiciones necesarias para el parto limpio a nivel comunitario. Se preparó durante 15 días a 3018 parteras, de las cuales 2390 se mantienen activas.“Ya no se forman parteras, pero con el apoyo de la AID (Agencia Internacional para el Desarrollo) desarrollamos el “Proyecto SALSA”, mediante el cual se les brinda educación continuada sobre salud reproductiva, que incluye la atención del parto y cuidados obstétricos tan esenciales durante su embarazo”, afirma la licenciada Haydée de Escobar, gerente de Atención Integral a la Mujer, del Ministerio de Salud. Según la funcionaria, la nueva visión que se tiene sobre las parteras consiste en convertirlas en promotoras del parto y del control prenatal en los centros de salud, y que sólo intervengan en casos de emergencia o cuando la paciente lo prefiera, pero bajo vigilancia médica. “No se busca desplazarlas sino darles el rol que merecen”, aclara la licenciada de Escobar.Pero el personal médico y de enfermería también tendrá que aprender de estas mujeres: la calidez de su atención. “Uno de mis hijos lo tuve en el hospital y me trataron mal; me rajaron (episiotomía) y eso es cruel”, confiesa Yolanda de Martínez, quien no dudará en buscar a una partera cuando dé a luz a su tercer vástago.La práctica de la episiotomía ahuyenta a muchas mujeres rurales de los hospitales, pero la licenciada de Escobar dice que de acuerdo a la norma actual, esa cirugía no es parte del procedimiento, salvo en casos especiales, y que es una cultura que también debe modificarse. Pese a todos estos cambios será difícil prescindir de la partera, sobre todo en aquellas comunidades sin acceso a un centro de salud. Lo bueno es que la mayoría de ellas quiere pasar de la tradición y el empirismo al conocimiento, para ser más capaces y eficientes.Dirley Gómez, es una joven madre capitalina que viaja hasta Santiago Texacuangos para entrenarse como partera. Nadie se lo ha sugerido, tampoco ha asistido un parto emergente en su vecindad, pero quiere estar preparada. “Ayudar a traer una vida al mundo es más que satisfactorio, nadie te lo enseña, es algo que nace con uno” , dice.

DenunciantesSu liderazgo puede ayudar a prevenir la violencia intrafamiliar.

 ISDEMU ha aprovechado este curso para despertar en ellas la comprensión de la violencia intrafamiliar y su interés por denunciarla.  Las parteras no sólo revelaron casos de violencia en sus comunidades, sino que también dijeron estar dispuestas a ayudar a prevenirlos.

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